lunes, 27 de agosto de 2018

Perdóname, padre






Según empiezo a pensar en escribir este post, ya está la incómoda voz de la comodidad diciéndome "No lo hagas, te vas a meter en un lío... te van llover críticas hasta decir basta"... Ya sabéis, esa vocecita del demonito rojo que te habla en una oreja y que pelea constantemente con el angelito blanco que te habla en nombre de Dios. Usa nuestra cabeza para librar la batalla del bien y del mal. Mi mente es, en este momento, como esa escena de una peli de indios y vaqueros donde al grito de "al ataqueeeee.... cuerpo a cuerpooooo" ambos me quieren convencer de lo que es mejor para mí: quedarme callada, o decir lo que pienso; comodidad, complicidad con la situación, silencio, etc. O, alzar la voz, ver la cuestión desde la fe y gritar un "PERDÓNAME, PADRE".

Esta súplica de perdón no va dirigida al Padre del Cielo, al Padre sobre todo Padre. No. Va dirigida a cada uno de los sacerdotes que han abusado de tantísimos niños, que salen ahora en las noticias y que a mí me produce un dolor que no sé si exagero cuando pienso que María debió pasar algo similar al ser traspasada por la lanza al ver a Jesús en la cruz. Ya sé que más de uno está escandalizado de lo que está leyendo, pero esto es lo que deberíamos sentir cada bautizado, porque, si estamos bautizados, somos parte del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, entonces somos cada uno un miembro suyo, una parte de esa Iglesia puesta al servicio de los demás para cubrir sus necesidades.
Pongo la cita de S. Pablo en la que me baso para sacar estas conclusiones:

"Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo –judíos y griegos, esclavos y hombres libres– y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos.
Si el pie dijera: «Como no soy mano, no formo parte del cuerpo», ¿acaso por eso no seguiría siendo parte de él? Y si el oído dijera: «Ya que no soy ojo, no formo parte del cuerpo», ¿acaso dejaría de ser parte de él?
Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Y si todo fuera oído, ¿dónde estaría el olfato?
De hecho, hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo.
El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito», ni la cabeza, a los pies: «No tengo necesidad de ustedes». Más aún, los miembros del cuerpo que consideramos más débiles también son necesarios, y los que consideramos menos decorosos son los que tratamos más decorosamente. Así nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto, ya que los otros no necesitan ser tratados de esa manera. Pero Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan, a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean mutuamente solidarios.
¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría. Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo". (1 Co 12, 12-27)


Es decir, según esto, yo no puedo decir: "Como no soy sacerdote, o religioso, o Papa yo no tengo nada que ver con este asunto y PUEDO CRITICAR Y SEGUIR FUNDAMENTANDO MI ODIO HACIA LA IGLESIA PORQUE HAY RAZONES DE SOBRA PARA ELLO". Vamos a ver: ¿estoy bautizada? Sí. ¿Qué significa estar bautizada? Lo que dice S. Pablo: Formo parte del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia y NO PUEDO DECIR QUE MI VIDA, MIS DECISIONES DE AMAR O NO AMAR NO INFLUYAN EN EL RESTO DE MIEMBROS DE CRISTO, donde se incluyen los sacerdotes pederastas. Es decir:
- Me siento responsable de la soledad que ha debido vivir ese sacerdote para tener que llegar a eso.
- Me siento responsable, como bautizada, de las veces que no he rezado por ellos, de las veces que he optado por mi comodidad y he sido egoísta y eso CREO PROFUNDAMENTE que les ha influido como falta de fuerza para superar la tentación.
- Me siento responsable de no cuidar a los sacerdotes de mi parroquia como necesitan para que no lleguen a estas atrocidades.
- Me siento responsable de no transmitir con mi vida que Cristo es el mayor tesoro que un hombre puede encontrar en su corazón y despertar así muchas vocaciones sacerdotales para que no haya en el mundo ni un solo sacerdote que viva solo y no tenga una comunidad que le ayuda a superar esa tentación.
- Y, así, podría poner aquí una larga lista de cosas y decisiones que tomo cada día, que no son de amor y que afectan a los miembros más débiles, en este caso, esos sacerdotes.

Pese a todo esto, es verda también que está LA LIBERTAD DE CADA UNO que, por mucho que ore por ellos, o que haga cualquier tipo de sacrificios por cada sacerdote, si Dios toca a su puerta advirtiéndole Y EL SACERDOTE NO QUIERE ABRIRLE, no hay nada que hacer. Es decir: Dios NUNCA violentará nuestra libertad. Es el signo mayor de que es Amor y de que nos ama.

Los que me conocen sabéis de dónde vengo, dónde he estado y cómo he quedado después de una experiencia para mí traumática, y que parece que sigue extendiéndose en el tiempo porque mis encuentros con sacerdotes y parroquias en estos últimos años no han sido nada positivos. Pero, por eso, hablo con conocimiento de causa. ES URGENTE que, en las comunidades religiosas, seminarios, se dé una FORMACIÓN AFECTIVO SEXUAL que integre todas las partes de la persona, que no deje cabos sueltos ni resquicio al Tentador para que pueda llevar a una persona que se ha consagrado a Dios a vivir esto. Hace falta porque no la hay; se ofrecen charlas en los noviciados y seminarios; fines de semana sobre Moral sexual... pero NO LO SABEMOS APLICAR EN EL DIA A DIA. Yo recuerdo un fin de semana en Buenos Aires donde se nos dio un taller sobre Moral sexual, de estos que te quedas en una nube pensando "yo quiero vivir así". Pero ay amigo, pasa el sábado y el domingo, y ya no aguantas a tus compañeros de comunidad y esa presión tiene que salir por algún lado, porque SABEMOS LA TEORÍA PERO NO SABEMOS ACOMPAÑAR LA PRÁCTICA.

Creo que, a veces en la Iglesia, nos metemos en tantos proyectos, tantos asuntos, que descuidamos cosas esenciales y esta es una de ellas. Pero vamos a ver, ¿qué esperas de un pobre sacerdote u obispo o Papa, que vive en esta sociedad hipersexualizada, que es humano como tú y como yo y que, encima, le exigimos 100% compromiso y responsabilidad, 100% amor y comprensión, 100% perfección, en una palabra? Sinceramente lo digo: somos todos, OLLAS A PRESIÓN, y cada uno sale por donde puede. Yo salgo por donde puedo, pero no me quita responsabilidad de lo que viven los demás miembros de la Iglesia. Y se puede pensar "¿Cómo puedes igualar  mi opción de hoy de caer en la mediocridad con estas atrocidades? Y no las estoy igualando, porque eso lo hará Dios. Sólo Él sabe qué nivel de conciencia de tenemos cada uno al caer. Sólo Él sabe si tuviste ayuda o no para caer o no caer; si fue suficiente el acompañamiento que tuviste para no caer... Sólo Él sabe...

Es verdad que hay otro elemento que nos da mucha rabia y es el que los sacerdotes nos digan lo que está bien y lo que está mal “y luego mira”. Nos da rabia, de acuerdo. Pero no perdamos de vista que son sencillos instrumentos de Dios que nos explican lo que entienden de Él y que, muchas veces, te están hablando de perdón y lo que sienten es odio porque en Colombia acaban de matar a su hermano. Yo, en mis clases donde los alumnos empiezan a reprochar cosas a so sacerdotes, del estilo “es que es muy mayor y dice cosas anticuadas”, “es que para él todo es pecado y es de lo único que habla”, etc. Ante estos comentarios, siempre digo: “Vale, eso todos lo vemos y lo pensamos. Ahora que hable el que se acercó a la sacristía después de la Misa y le dijo a ese sacerdote que quizás la homilía podía ser distinta, porque hay gente joven que quiere oír otra cosa” Ante esto, todos los alumnos dicen: “Ah no, yo no voy a decirle nada”;” Si hombre, para que me regañe a mí”. Y yo les digo: “Bien, como los toros desde la barrera se ve muy cómodamente, hasta que no vea compromiso por cambiar todo eso de lo que os estáis quejando, y os dejéis pillar por el toro, se acabaron las quejas, porque porquería hay en todos sitios pero gente comprometida a quitarla, hay muy, muy poquita. Y así nos va”.

Por todo esto y más que no logro expresar, le suplico a cada sacerdote acusado en estos días: PERDÓNAME, PADRE


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